lunes, 05 de mayo de 2008 Alberto Espinosa López
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El Racing de Santander ganó 3-2 al Real Murcia, y con ese resultado el equipo grana se convierte automáticamente en carne de Segunda División. Pero más que llorar, quizá haya que respirar tranquilo, por fin. La larga agonía que ha padecido el club, desde el mes de enero en total caída libre, con las constantes vitales cada vez más apagadas, ha culminado ya. El presente ha terminado y ya sólo cabe mirar al futuro, con la esperanza de volver a ver a un Murcia de Primera muy pronto. Otra vez.
Sin embargo, los de Clemente no quisieron regalar los tres puntos al Racing y vendieron cara la derrota. De hecho, consiguieron ponerse 0-2 en la primera media hora de partido. Pero ese golpe de suerte que nunca antes habían tenido no supieron aprovecharlo. El partido comenzó con un asedio sobre el Murcia, que se defendió como pudo, y cuando consiguió separarse de las cuerdas, asestó una contra que acabó con Aquino desvirgándose en Primera. Veinte minutos después Iván Alonso aumentaba las pulsaciones del enfermo al hacer el segundo.
Sólo cinco minutos después, un centro hacia Munitis era despejado por De Coz... a gol. En andaluz se marcaba un gol en propia puerta y el Racing acortaba distancias. La segunda parte iba a ser muy difícil. Los de Marcelino buscaban acercarse a Champions y afianzarse en el quinto puesto para prácticamente asegurarse la UEFA al menos. El séptimo de caballería sonaba en El Sardinero.
Y el Murcia no supo reaccionar. Enseguida recibió el empate y no muchos minutos después, el tercero. A partir de ahí, los de Clemente quisieron tirarse para arriba, pero como siempre, era muy tarde ya. Además, las expulsiones de Mejía y de Pignol no favorecieron el juego ofensivo que se antojaba en ese momento. Incluso Iván Alonso acabó jugando de central marcando a Tchité, en un último intento por contener el ataque racinguista.
Y se acabó todo. Por fin. Ya estaba bien de sufrir, de verse abocados al descenso, de saber que te vas a estampar pero no saber cuándo, de albergar una mínima esperanza cada vez que se conseguía un punto, de sueños rotos al perder a la semana siguiente. Ya no sirve de nada mirar atrás, la temporada ha sido totalmente aciaga y se ha perdido dinero. El futuro ha empezado, es hora de planificar la plantilla del año que viene, con o sin Clemente, con o sin Julen, con o sin los Baiano, Goitom, Mejía... Hay que ser optimistas: el futuro se pinta de color grana.
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